Los libros me enseñaron a pensar y pensar me hizo libre... (Ricardo Corazón de León)

PEQUEÑO EPISTOLARIO DE DEBILIDADES -Carta nº 16 por María Aixa Sanz


Domingo, 31 de Octubre de 2010



Mi querido amor leal:


Quisiera que alguien me esperase en algún lugar. Sí, es el título de aquel libro de relatos de Anna Gavalda, pero también es un estado de ánimo. Es el estado de ánimo de esos días en que quieres desaparecer y trasladarte por arte de magia algún otro lugar y que allí te esperase alguien para cuidarte, mimarte y decirte al oído: «Tranquila yo me ocupo de todo» y abandonarte de ese modo en sus brazos y olvidarte de lo insustancial de la vida. Alguien con quien compartirlo todo pero empezando de cero. Una mezcla rara, lo sé, pero también sé que es un deseo de todos los humanos o de casi todos los que poseen un poquito de lucidez e inteligencia empezar de cero, empezar una nueva vida en otro lugar con alguien que colme todos nuestros anhelos. Sería bonito poder tener una segunda oportunidad, llegar a un tramo de nuestra existencia en que se nos diera la oportunidad de por ley de vida poder empezar de cero y deshacernos de la alforja de lo vivido. ¿Acaso hay alguien que no haya pensado nunca en tirar su vida al cubo de la basura, romper ataduras, soltar lastres y volar, migrar hacia otro lugar? ¿Acaso hay alguien que no haya fantaseado nunca con ese sueño? Llamémoslo sueño, pues no deja de ser un sueño, que muy pocos acaban realizándolo. Pero es un sueño que cuando la moral anda por los suelos te la sube un poquito para seguir batallando con el día a día. Fantasear: Dejar correr la fantasía o la imaginación (según el diccionario).



¡Qué bien sienta fantasear un rato! Que es lo que yo vengo haciendo en estos instantes, mientras te escribo esta carta. Fantaseo, imagino que alguien me espera en algún lugar. Podrías ser tú. Anda, coge papel y lápiz y escríbeme tú también una carta, como en los viejos tiempos. Deja volar tu imaginación. Fantasea un rato, al menos conmigo y cuéntame una historia. ¿Qué sería de nosotros sin las historias? Cuando hay días en que la vida viene cuesta arriba y pedalear para no caerse de la bicicleta de la existencia es durísimo, qué fácil, qué bonito es dejarse acunar por una historia. ¿Qué sería de este mundo sin los contadores de historias? Si el niño en su temprana infancia requiere ya una historia contada por su madre y ese mismo niño se hace adulto y para soportar la existencia se agarra a las historias que otros le cuentan para no notar la pesadez de la vida. Si alguien normal y corriente, cualquier simple mortal, cuando tiene unos minutos que los puede dedicar al ocio busca como el sediento busca el agua que le cuenten una historia, y se escapa y se sumerge en la oscuridad de un cine, en la platea de un teatro, en las páginas de un libro, en el chascarrillo de un amigo, en el runrún del vecindario. El oficio de contador de historias no está pagado con dinero pues no somos en realidad conscientes del cómo y del cuánto necesitamos que alguien alimente nuestra vida con otras historias. No hay mejor medicina para los días en que la vida viene cuesta arriba que arrimarse a un contador de historias ya sea cuentista, novelista, ilustrador, historiador, trovador, pintor, guionista, actor, escritor, dramaturgo para que nos cuente esa historia que nos hace sentirnos únicos e incluso hace que nos reconciliemos con la vida. Lo que ocurre es que de tanto tenerlos a mano pierden su real importancia e ignoramos que si nos quitaran las historias que pueblan nuestro existir andaríamos perdidos y nos pareceríamos más que nunca a esos niños que con ojos hambrientos también aparte de comida, carecen de los litros de agua suficiente para darse un agradable baño. Nosotros de tanto usarlos olvidamos su talento y dejamos que se vaya por el desagüe sin darles su real importancia, se va el talento como el agua después de un baño. Tendemos a pensar que siempre van a estar ahí, a nuestra disposición, tanto los contadores de historias como el agua. ¿Y si nos estamos equivocando? Mi querido amor leal, divago. Anda escríbeme una carta como las de antes y cuéntame una historia, la que te apetezca, la que quieras. Yo te espero.

Besitos, María.




© MARIA AIXA SANZ



(Ilustraciones: Dominique Appia)

***Esta obra es ficción cualquier parecido con la realidad es una coincidencia no buscada. El espacio ‘PEQUEÑO EPISTOLARIO DE DEBILIDADES’, será un espacio fijo en ‘Fotografías en la pared’ pero no será estático: éste cambiara cada mes con una CARTA diferente a un remitente imaginario o no, a modo de crónica social de las debilidades humanas, tendrá como toda ficción, tintes reales y otros de ficticios. Deseo sea de su agrado. Epistolario: m. Libro o cuaderno en que se hallan recogidas varias cartas o epístolas de un autor o de varios, escritas a diferentes personas sobre diversas materias: me encantaría poder leer su epistolario completo.