Domingo, 4 de Julio de 2010.
Querido Charles:
La vida es demasiado grave para tomársela en serio. El amor, la crueldad, el dinero, la pasión, los secretos y el sexo son quienes mueven el mundo. Lo sabemos de sobra. Quemamos etapas como naves y con ellas la esperanza, la ilusión, la fe en todo y sobre todo en el ser humano. Somos la peor de las especies. C
on los años el amor lo dosificamos, la pasión se concreta, los secretos aumentan, y el sexo y el dinero o se ensanchan o se limitan. Pero coincidimos en algo y es que con la edad todos somos más crueles aunque siempre creemos que son los otros quienes son crueles con nosotros. La crueldad está a la orden del día. Es algo que te desgasta y que te enseña la cara real de la vida. Ante la crueldad ni un segundo de atención, tomas el timón del barco, viras y cambias de rumbo hacia otra dirección donde el viento sople a tu favor. Yo soy cruel, otros son crueles conmigo pero no hay que tomarse tan en serio ni a la crueldad ni a la vida. No vale la pena mantener un esfuerzo de esa magnitud. Me doy cuenta que no me tomo demasiado en serio nada. Ante un comentario a veces me siento ridícula, idiota, minúscula. Tan minúscula que podría caber dentro de una maleta. Pero no me atormenta más de un par de segundos, tomo el timón y pongo rumbo hacia otro caladero. La crueldad es muy mediterránea. Será porque estamos más intensamente pegados a la esencia de la vida y
tenemos una forma de expresarnos más abrupta, sin menos dobleces, sin tanta hipocresía y evidentemente ciertos comentarios suenan crueles. Por ello es de locos tomarse la vida al pie de la letra. Absoluta y rotundamente de locos o de poco pragmáticos. Soy pragmática. Soy de al pan pan y al vino vino. No me gustan las dobleces. Me gusta la autenticidad y es que hay momentos muy momentáneos como dice el amigo Rivas. Quizás por ello soy de decantar la balanza hacia el lado del placer y dejarme de zarandajas y del qué dirán. Así que cuando la realidad de la vida ya ha hecho la suficiente mella en la piel de uno, cuando ya se sabe por experiencia que a la vida no hay que tomársela en serio, que no hay que tomársela al pie de la letra, sólo nos queda bailar un Chachachá que es a lo único a lo que se ha venido a esta vida, como el amigo Manuel Vicent repite una y otra vez.
on los años el amor lo dosificamos, la pasión se concreta, los secretos aumentan, y el sexo y el dinero o se ensanchan o se limitan. Pero coincidimos en algo y es que con la edad todos somos más crueles aunque siempre creemos que son los otros quienes son crueles con nosotros. La crueldad está a la orden del día. Es algo que te desgasta y que te enseña la cara real de la vida. Ante la crueldad ni un segundo de atención, tomas el timón del barco, viras y cambias de rumbo hacia otra dirección donde el viento sople a tu favor. Yo soy cruel, otros son crueles conmigo pero no hay que tomarse tan en serio ni a la crueldad ni a la vida. No vale la pena mantener un esfuerzo de esa magnitud. Me doy cuenta que no me tomo demasiado en serio nada. Ante un comentario a veces me siento ridícula, idiota, minúscula. Tan minúscula que podría caber dentro de una maleta. Pero no me atormenta más de un par de segundos, tomo el timón y pongo rumbo hacia otro caladero. La crueldad es muy mediterránea. Será porque estamos más intensamente pegados a la esencia de la vida y
tenemos una forma de expresarnos más abrupta, sin menos dobleces, sin tanta hipocresía y evidentemente ciertos comentarios suenan crueles. Por ello es de locos tomarse la vida al pie de la letra. Absoluta y rotundamente de locos o de poco pragmáticos. Soy pragmática. Soy de al pan pan y al vino vino. No me gustan las dobleces. Me gusta la autenticidad y es que hay momentos muy momentáneos como dice el amigo Rivas. Quizás por ello soy de decantar la balanza hacia el lado del placer y dejarme de zarandajas y del qué dirán. Así que cuando la realidad de la vida ya ha hecho la suficiente mella en la piel de uno, cuando ya se sabe por experiencia que a la vida no hay que tomársela en serio, que no hay que tomársela al pie de la letra, sólo nos queda bailar un Chachachá que es a lo único a lo que se ha venido a esta vida, como el amigo Manuel Vicent repite una y otra vez.
Así que querido Charles, tú que eres un sol, mi sol, suelta lastre y no te tomes las cosas tan a pecho, vente conmigo a vivirla y comprobaras como todo, todo, todo puede ser leve e incluso magníficamente placentero. Como la sonoridad de tu nombre que solo de pronunciarlo produce placer: “Charles”. Fíjate, detente, en los pequeños instantes de la vida pues es ahí donde reside el placer.
Hoy por ejemplo ha sido una buena mañana para navegar, he navegado a gusto y ello me produce placer y alegría. ¿Cómo tras estas horas en la mar puedo encontrar algo lo suficientemente importante o complicado para tomarlo en serio? Imposible. Imposible.
Besos, siempre tuya.
María.
P.D (No hay nada peor que tener ganas de escribir y no tener ni papel ni lápiz. Eso ves es serio, preocupante.)
© MARIA AIXA SANZ
(Ilustraciones: Retrato de Manuel Vicent por Fernando Vicente. Dibujo de Aitana Carrasco para el cuento titulado: ‘Milu’ de Manuel Rivas)
***Esta obra es ficción cualquier parecido con la realidad es una coincidencia no buscada. El espacio ‘PEQUEÑO EPISTOLARIO DE DEBILIDADES’, será un espacio fijo en ‘Fotografías en la pared’ pero no será estático: éste cambiara cada mes con una CARTA diferente a un remitente imaginario o no, a modo de crónica social de las debilidades humanas, tendrá como toda ficción, tintes reales y otros de ficticios. Deseo sea de su agrado. Epistolario: m. Libro o cuaderno en que se hallan recogidas varias cartas o epístolas de un autor o de varios, escritas a diferentes personas sobre diversas materias: me encantaría poder leer su epistolario completo.
5 comentarios:
¡Brillante espistolario!
Hermosas cartas, sinceras.
¡Brillante!
Querida, descubri tu espacio, estas epistolas son fantásticas.
Está por ejemplo es de una lógica aplastante.
Mis felicitaciones!
Pura ironia.
Sarcasmo puro.
Por fin, poder leer algo que me haga aflorar la sonrisa en los labios.
Gracias Maria.
Sí, pura ironia, ¿no te parece querido Hilario que muchos de los textos de Aixa, al igual que las epistolas, los cuentos tienen un tono sarcastico solo para mentes agudas e inteligentes, despiertas?
Yo, creo que si, yo busco la inteligencia y es eso lo que me atrae de las narraciones de Aixa.
Estoy en mi salsa, y eso de llamarle al pan pan y al vino vino, genial. Es genial.
Hilario me agrado conocerte.
Saludos, Aixa, de nuevo.
Ironia, sarcasmo ante la crueldad de la vida y de las gentes. La crueldad, las ofensas, dejan huella, se quedan gravadas en la piel, y aunque se mire hacia otro lado, nunca ya nada es lo mismo. Hay gentes que tienen mucha mala leche, y son crueles de tal forma, que en vez de sangre por las venas solo les corre crueldad y luego aspiran a tener el beneplacito de todo el mundo. Ante éstos solo queda soltar lastre, cambiar el rumbo como tan bien nos explica Maria. Ante éstos solo queda la indeferencia por ser unos autenticos hijos de puta que aunque no se lo imaginen necesitan más de la humanidad de lo que la humanidad necesita de ellos.
Vamos que si desaparecieses de la faz de la Tierra como que nadie les iba a echar de menos.
Sincera, autentica y admirable reflexión la tuya, Marieta.
Eres de los míos. No me canso de repetirtelo. Auténtica. Solo valen la pena las personas auténticas. En mi mundo no quiero impostores ni farsates.
Achuchones, xiqueta romancera.
T.q. Ernest.
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