Los libros me enseñaron a pensar y pensar me hizo libre... (Ricardo Corazón de León)

PEQUEÑO EPISTOLARIO DE DEBILIDADES – Carta nº 14 por MARÍA AIXA SANZ.




Lunes, 21 de Junio de 2010.

Querida Julia:

“El estío es la estación del sol, de los largos días, de la buena vida, del amor. Todo es una fiesta. Prohibido estar triste.” El otro día a una persona muy importante para mí que andaba melancólico le escribí este proverbio. Uno de esos que sobrevuelan nuestras vidas y que una no sabe su procedencia, si son chinos, indios o de dónde. Un proverbio en referencia a la estación que empezamos hoy: el verano. El tiempo de la felicidad, de la laxitud de los días, del cuerpo y de la mente. Aprovechando que llegaba el verano empecé a principios de este mes un experimento con el propósito de que dure al menos estos tres meses de junio, julio y agosto. ¿En qué consiste ese experimento? Pues en hacer voto de silencio. Voto de silencio de mi interior. Exactamente se basa en hablar de todo menos del interior. Puedo hablar de temas triviales o no tan triviales: economía, el tiempo, la opinión acerca de una novela, de una película, de una exposición, etc., hablo de lo que sea menos de lo que siento, de lo que en verdad siento, de todo lo que pasa por mi interior, lo que siento o dejo de sentir, de las penas y de las alegrías, de qué revolución produce en mi tal o cual actitud, reacción, hecho o suceso. Mis penas y alegrías, mis risas y mis llantos se pasean por mi cuerpo en compañía del silencio. Experimento conmigo misma, me escucho, me estudio, reflexiono, oigo la voz de mi razón la de mi corazón y callo. No le digo nada a nadie. Es un ejerció de introspección. De poner a prueba la capacidad de silencio que tengo. De fortaleza. ¿Cuánto podre aguantar sin explayarme y contar que es lo que sucede dentro de mí? No lo sé. Esa es la pregunta, ese el experimento. Un experimento que llevo ya realizando desde hace 19 días con el fin de conocerme a mí misma e imaginar cómo sería la vida si no tuviera a nadie de la suficiente confianza para contarle mis penas y alegrías. Es una especie de ejercicio de asilamiento, como si de repente estuviera en una isla desierta sin ninguna otra persona con la que hablar. Tengo que decirte que varios aspectos que he encontrado dentro de mí me han asombrado lo suficiente para saber que el experimento este que no tiene nombre vale la pena, que lo deberían probar por un tiempo todas aquellas personas que sufren de incontinencia verbal como es mi caso y que lo cuentan todo, todas aquellas personas que como yo no nos entra dentro de la mollera que en boca cerrada no entran moscas y que sin darnos cuenta una y mil veces por hablar demasiado nos hemos visto envueltos en disgustos, disputas y berenjenales. Si, querida Julia voy a seguir con ello. Estoy más a gusto de lo que en un principio pensé. Estoy a gusto en esta situación nueva en la que el silencio, en la que callar tiene un peso especifico que decanta la balanza hacia un lado y no hacia el otro. Y si me preguntas que qué voy a hacer con los dos otros votos, pues bien en los tiempos que corren el voto de pobreza es fácil ponerlo en práctica, hoy somos todos más pobres que hace años atrás y no hablo solo de lo material sino también de las formas, de la educación, así que el voto de pobreza o el de austeridad por obligación, por imposición una gran mayoría de ciudadanos del mundo lo llevamos con nosotros y sobre el voto de castidad, ese sí que no lo pongo en marcha, con la castidad no puedo que ha llegado el verano, y es el tiempo de la felicidad, del sexo y del salitre y como todos bien sabemos la única forma de arrancarle a la vida un pedazo de eternidad es mediante un orgasmo, así que de castidad nada, que tampoco es cuestión de ir de mártir, que chica ya es bastante difícil todo, la existencia en sí para prohibírnoslo todo, todo, todo, pues como decía la Gaite, ‘que quieres que te diga chica si lo raro es vivir’. Así que con ese voto yo no puedo. Con el de silencio experimento, con el pobreza me resigno, pero con el castidad no puedo y menos ahora que el verano se ha instalado en nuestras vidas. Por cierto: ¡Feliz verano!

Besos, María.


© MARIA AIXA SANZ
(Ilustración: Steve Winter)

***Esta obra es ficción cualquier parecido con la realidad es una coincidencia no buscada. El espacio ‘PEQUEÑO EPISTOLARIO DE DEBILIDADES’, será un espacio fijo en ‘Fotografías en la pared’ pero no será estático: éste cambiara cada mes con una CARTA diferente a un remitente imaginario o no, a modo de crónica social de las debilidades humanas, tendrá como toda ficción, tintes reales y otros de ficticios. Deseo sea de su agrado. Epistolario: m. Libro o cuaderno en que se hallan recogidas varias cartas o epístolas de un autor o de varios, escritas a diferentes personas sobre diversas materias: me encantaría poder leer su epistolario completo.

2 comentarios:

Ernesto dijo...

Lo raro en esta vida es mantenerse cuerdos. Encontrar el equilibrio adecuado para mantenernos. Tienes razón mi niña, disfrutemos del verano. ¡Cuánta razón encierran tus palabras!
Besos.
T.q. Marieta.
Ernest.

Alicia dijo...

Comprendo perfectamente tu posición. Aprender a morderte la lengua. Es un buen dilema. Ser o no ser sincera. He tenido demasiados problemas por ser sincera y he tenido que aprender a morderme la lengua y no saltar a la primera. Creo que realizando ese acto de callarse pudiendo hablar le vendes tu alma al diablo. Dejas de ser tu. Aunque tampoco sirve de nada enfrentarte a problemas sin buscarlos por haber sido franca. Comprendo tu actitud de guardar voto de silencio de realizar todo un aprendizaje. Caray! Lo que te va a costar. Te lo digo por experiencia. Deberás poner en una balanza que compensa si dejar de ser sincera y en parte vender el alma al diablo y no vivir auténticamente o si es mejor por otra parte morderse la lengua y murmurar para ti: ‘Ya te las apañaras’. ¿Puede uno dejar de ser el mismo? No. ¿Cuesta esfuerzo? Si. Al final se aprende, más que aprender con los años te entra la pereza y no es que aprendas a morderte la lengua, es el decirle al otro, sin decírselo: ‘Ya te las apañaras, que cada palo aguante su vela, allá tú’ es más cómodo que andar metida en constantes barullos. Es cuestión de pereza y de pasar de los otros. En eso consiste como opina Ernest en encontrar el equilibrio para que nadie pueda arrebatarte algo profundamente tuyo. Tu personalidad. Tu forma de ser sincera y autentica. Sí hay alguien que te prefiere falsa, haz el falso, yo a una amig@ le prefiero sincero porque se que cuando me habla cuando lo hace es mi amig@, al que conozco, se que no me mentirá porque no es de ese tipo de personas que miran hacia otro lado.
Esa eres tu María y si hay quienes te prefieren falsa, pues dales falsedad que al fin y al cabo no hay más ciego que el que no quiere ver. Yo no te conozco personalmente pero leo tu cuentos, tus artículos y tus epístolas semanalmente y no me he podido morder la lengua ante esta carta, prefiero de lejos mil veces a una persona que va de frente que a una que miente para no meterse en líos. El voto de silencio es fuerte, tener que aprender a morderte la lengua es fuerte, solo lo conseguirás a base de pereza, pereza por no meterte como tu dices en berenjenales que no llevan a ningún sitio. Pero tu eres tu y eso nadie lo puede cambiar aunque prefieran no oír lo que sale de tu boca. Tus palabras.
Una vez una tía mía me dijo que no fuese amable, que la amabilidad no conducía a ningún sitio, y con la vida he comprobado que tenia razón. Pero esas palabras no me hicieron cambiar mi forma de ser. Por eso tu siempre serás tu y los únicos responsables de que tu no seas sincera serán aquellos que te prefieren falsa. Pero tu no cambiaras, seguirás opinando lo mismo aunque te lo calles y lo digas minutos después, en ‘petit comité’ o para tus adentros.

Un abrazo, guapa.
Alicia.