Los libros me enseñaron a pensar y pensar me hizo libre... (Ricardo Corazón de León)

'Librerías, bookstores, librairies: El lugar de las infinitas historias' por María Aixa Sanz.


Cuando puedo gozar de unas espléndidas vacaciones: uno de los placeres de viajar por los distintos lugares de la geografía mundial es visitar una cantidad vergonzosa, indecente, extravagante pero genial de LIBRERIAS.
Las encuentro grandes que son las que siguen la estela de una cadena. Chiquitas en un recoveco perdido de una calle adoquinada o de una plazoleta con aire de otro tiempo, robado de la nostalgia. Solemnes con aforo selecto y limitado. Neutras con la única secreta ambición de servir y por descontado encuentro a veces las antipáticas de techos bajos, de corta mira y escasa humildad que miran por encima del hombro a todo quisqui, hasta incluso al lector más voraz.
A las LIBRERIAS hay que ir como va el amante infiel. De flor en flor. No hay que ser fiel nunca a una librería. A las librerías hay que acercarse siempre como si fuese la primera vez, debemos acudir con ansias de devorar y ellas nos deben recibir con ganas de agradar, de dárnoslo todo, de seducirnos. Para ello tienen sus tretas, por ejemplo, su juego de luces: las hay con una luz blanca, limpia, de hospital que diagnostican la enfermedad del lector y le atraen hacia el libro que le pueda curar. Las hay con la luz del día, una luz que no se adivina que puede ser artificial pues el paseante no se percata de ello ya que camina absorto, un paso tras otro, a veces en círculos, topándose con otros lectores, hipnotizados todos, con las pupilas leyendo con rapidez los caracteres de las letras que forman palabras y las palabras frases y las frases títulos y nombres. Los ojos cambian y en las pupilas de los paseantes de las librerías podemos ver reflejados el color de las ilustraciones, la sonrisa de la sorpresa, la avaricia de leer las primeras líneas impresas y tomar el libro ente las manos. En los ojos también se refleja el deseo, la concentración, nunca el tedio. Como son curiosos los paseantes de las librerías deslizan los dedos por las baldas repletas de libros cada uno buscando su historia. Nunca veréis en una librería a nadie formando una fila india. No hay colas ni probador. No. Los paseantes de las librerías van cada uno a su ritmo, son los paseantes más independientes del mundo, cada cual sabe por intuición lo qué busca, a veces sin darse cuenta tropieza con otro paseante: chass..., perdón, sorry, pardon, se susurra en voz baja porque no se quiere molestar, no se quiere que nos molesten. Y volvemos de nuevo a lo nuestro, a buscar lo que ansiamos. Los paseantes de una librería serían incapaces de reconocerse fuera de ella. Nunca me fijo en sus caras. Nunca nos fijamos en sus cuerpos. Oímos sus voces. Fragmentos de conversaciones:
(Entraron en una de ellas mientras yo estaba allí, un padre, una niña y un niño, (el niño menor que la niña) y el niño dijo: "¡Cuántos libros! ¡Parece una biblioteca!", y la niña le contestó con una rotundidad aplastante: "Es que es una biblioteca." )
También existen las librerías oscuras, con una luz tacaña, en permanente penumbra. Estas no me gustan, huyo de ellas. En ellas te paseas a solas, zozobrando unos minutos, buscas la calle, desapareces sin haber dejado rastro y te sumerges de nuevo en la vida, en la calle bajo el paraguas que te resguarda de la lluvia mansa o en el sol abrasador que te invitar a ir a otro lugar lejos de allí. Pero las mejores son las que tienen una luz como la del hogar. Una luz que huele a pan recién horneado. Si, esa luz que invita a quedarse, esa en la que ahora estás pensando. "Entra, estás en tu casa" y respondes: "Sí, lo estoy, y me quedaría a vivir".
Luego también se diferencian por la distribución de los libros en las que uno anda la primera vez, en el primer momento, como pato mareado hasta que pasada hora y media te encuentras como pez en el agua. ¿Por qué razón habrá sido esta vez? Por la editorial, por el apellido del autor, por las diferentes clases o categorías de literatura, por el tamaño del libro. Pero es hermoso perderse en esos primeros instantes en el laberinto en el que se convierte la librería, hasta encontrar la salida, el truco y poder palpar las estanterías con acierto, con tino, sabiendo que la estás conociendo como un plano bien dibujado que se extiende delante de ti. "Por aquí, sí. Es por aquí, por allí no. Allí está la literatura de terror." También cada una tiene su selección de libros, sus principales, en un ranking confeccionado por el librero o librera o por el jefe o jefa de los libreros, de esa manera y no de otra, en hermosas mesas cuadradas colocan y exponen con descaro los libros más vendidos o las novedades o los tesoros. Cuando era niña acudía a veces a una librería larga a la que la iluminaba la luz del día, el mostrador de madera, como el de las tiendas que vendían telas, no tenía fin y quedaba a mano derecha según entrabas, luego enfrente de él unas mesas igual de largas, igual de altas, imponentes, que me rozaban la nariz, exhibían con insolencia hermosos libros que no entendía y que sabía que de mayor iba a comprármelos todos. Todos. La avaricia del lector precoz y voraz. Las mesas, el mostrador, la librería, los libros todo era más grande que yo, inmenso e infinito.
Las librerías se pueden distinguir como no por su olor y por el polvo. Algunas poseen tanto polvo que es fácil adivinar cuánto tiempo hace que los libros están allí en la misma posición, como seres inertes. Te preguntas cuánto tiempo hace que nadie los ha sostenido entre sus manos y sientes una repentina lástima. Otras gozan de elevada pulcritud.
Las librerías se pueden reconocer y destacar por tantas cosas...
Pero en todas ellas mis dedos y mis ojos caminan por los anaqueles de libros moviéndose inquietos, buscando un libro en concreto o esperando que alguno de ellos me llame por mi nombre. Acudo siempre a ellas con las ganas del descubrimiento, de las primeras veces, de los primeros besos, con las ganas del que acaba de iniciar una nueva aventura. Por eso hay que ser infiel a las LIBRERÍAS porque la infidelidad produce emoción e independencia y siempre detrás nos aguarda con toda seguridad una nueva historia. Una nueva historia por leer.

© MARIA AIXA SANZ